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Fallen Love:








La historia de dos amigas que alguna vez fueron muy unidas, pero que se distanciaron debido a malentendidos y al miedo de enfrentar una situación incómoda. Dice la Palabra que «como el hierro afila al hierro, así un amigo afila a otro amigo». Algunos de nosotros tenemos cicatrices que aún no han sanado; otros tenemos miedos que no hemos superado.


Todos necesitamos un poco de ayuda para enfrentar a los gigantes que habitan en nuestra alma. Y creo que Dios nos dio amigos precisamente para ayudarnos a superar esos desafíos. Sin embargo, a veces elegimos la comodidad por encima del crecimiento. Y el conflicto que evitamos puede convertirse en el asesino silencioso de una amistad. Porque, cuando no hablamos de las cosas, terminamos basándonos en suposiciones. Y, a menudo, esas suposiciones distan mucho de la realidad.


La canción también pone de manifiesto las diferentes percepciones que cada uno de nosotros puede tener sobre una misma situación, basándose en nuestra propia crianza y en los patrones de conducta que hemos aprendido.


Karen Juli interpreta la perspectiva de Amiga

#1, mientras que Adryelle canta la de Amiga

#2. Creemos que los demás deberían saber automáticamente lo que sentimos o pensamos. Y que los demás sepan cuál es el comportamiento apropiado. Pero, a veces, el comportamiento apropiado es subjetivo porque —una vez más— provenimos de diferentes entornos, culturas e incluso de circunstancias presentes distintas. Por eso, es mejor simplemente abordar las cosas. Aclararlas. Decir la verdad con amor.


Oro para que, si has tenido un distanciamiento con un amigo(a), tengas el valor de reflexionar sobre lo sucedido —y sobre lo que podrías haber hecho mejor— y consideres en oración la manera de reabrir esa conversación con él (ella). Pidiéndole a Dios que entre contigo a ese lugar, guiando la conversación a través de la resolución de ese conflicto. Muchas veces tememos no saber qué decir. O incluso que podamos empeorar las cosas. Pero está bien, incluso, iniciar la conversación expresando precisamente eso y orando juntas(os) primero.


Estamos llamados a ser ministros de reconciliación ante Dios y entre nosotros. Da temor. Pero la buena noticia es que nunca estamos solos. Dios siempre está dispuesto a ayudarnos. Nuestra fé agrada a Dios y abre puertas. «Señor, Tú conoces mis miedos. Solo Tú conoces mis traumas. Pero también conoces mi corazón. Quiero que el amor triunfe, Señor. Quiero que Tú triunfes. Por eso, te pido que me ayudes a iniciar esta conversación, por mucho temor que pueda sentir. Sé que, cuando sigo Tu camino —incluso si no recibo la reacción que anhelo—, Tú harás que todo obre para bien. No necesito levantar muros. Estoy a salvo y soy libre bajo Tu amoroso cuidado.

 
 
 

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